La inmortalidad del alma es una doctrina prominente del cristianismo. La Biblia presenta a la humanidad como la creación especial y directa de Dios. Génesis 2:7 hace referencia a que Dios formó a Adán “del polvo de la tierra” y “sopló en su nariz aliento de vida” de manera que el hombre llegó a ser “un ser viviente”. El hombre, hecho a la imagen de Dios, es apto para conocer a Dios y tener comunión con él.
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