Desde cierto punto de vista, la muerte resulta algo muy natural: “Está establecido que los hombres mueran una sola vez” (Heb. 9:27). Puede ser aceptada sin rebeldía: “Vamos también nosotros, para que muramos con él” (Juan 11:16). Desde otro punto de vista resulta algo sumamente antinatural. Es la paga del pecado (Rom. 6:23), y en ese sentido debe ser temido.
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